Memorias de una dama

Hace un par de días terminé de leer una de esas novelas que no puedes dejar, de esas que te enganchan y sobre todo una de esas que te plantea acontecimientos en los que no habías pensado. La novela se llama Memorias de una dama, escrita por el peruano Santiago Roncagliolo.

La novela tiene varias historias, la del personaje principal que es un autor desesperado por publicar en España a cualquier precio, la de Diana Minetti con la historia de su vida y  finalmente la otra historia de la República Dominicana y Cuba durante las dictaduras de Trujillo y Batista respectivamente. Al inicio del libro hay una advertencia del autor en la que nos dice que nos encontramos frente a una obra de ficción. Quizá a nivel de los personajes, pero haciendo un poco de investigación, lo que Roncagliolo narra del estilo de vida de las “buenas familias” en estas islas del Caribe en los años 40s y 50s tiene un fundamento histórico. Y es precisamente este aspecto lo que me pareció fascinante de la novela.

Debo confesar que hasta hace apenas unos meses, desconocía por completo la existencia de la terrible dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana (sí, obviamente no he leído La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa).  El caso es que me topé con este siniestro personaje a través de una novela de Junot Díaz que se llama The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, de la que hablaré en otra ocasión. El caso es que nuevamente aparece  ante mi, el Gral. Trujillo, esta vez en la novela de Roncagliolo.

Como decía, independientemente de mi total ignorancia sobre la historia de la República Dominicana, Memorias de una dama, también puso de manifiesto lo poco que sé de Cuba. Yo había visto el triunfo de la Revolución como un evento un tanto romántico, encabezado por figuras tan carismáticas como el Ché Guevara, Camilo Cienfuegos y desde luego Fidel Castro quienes defendieron los intereses del pueblo cubano que estaba, sin duda, reprimido. En la narración, si queremos “ficticia” de la vida de Diana Minetti y su familia, La Habana se presentan como la ciudad más esplendorosa de América Latina durante los años del Gral. Fulgencio Batista. Todos querían vivir en La Habana, hospedarse en sus grandes y lujosos hoteles, disfrutar de la vibrante vida nocturna que ofecía la ciudad, codearse con los escritores y estrellas de Holywood que visitaban constantemente Cuba porque La Habana era el lugar donde estar.  Lo que vemos de majestuoso hoy en día es lo que queda de aquellos años.

Hasta ahí todo muy bien. Todos sabemos la historia de que mientras unos se divertían y hacían negocios de millones de dólares (como era el caso de la familia Minetti en la novela), otros carecían de lo más básico. Sin embargo, hay un capítulo de la novela en el que se relata una gran fiesta que Batista ofrece a las “alta sociedad” de La Habana. Y mientras trascurre el banquete comienza a circular un rumor de que hay una habitación repleta de maletas. Batista está a punto de huir (ya se ha enterado de la inminente entrada de Fidel Castro a La Habana). Y literalmente se van con él aquellos invitados que alcanzan a subirse al avión. Muchos, dejando Cuba con lo que traían puesto y perdiendolo absolutamente todo. Naturalmente, nuestra Diana Minetti no es una de las afortunadas y tras el triunfo de la Revolución su familia queda arruinada, sus bienes confiscados y su vida destruida.

Es estes el lado de la Revolución en el que yo no había pensado. En lo mal que se la pasaron muchas de esas familias “acomodadas” que vieron entrar guerrilleros a sus jardines y casas confiscandolo todo en nombre de la Revolución.  Aquellos que lo dejaron todo, salieron del país sin nada y nunca más pudieron volver. No había pensado en aquellos que no tuvieron otra salida más que el exilio obligado.

Mientras Roncagliolo nos narra estos mundos de la “alta sociedad” en donde se infiltra irremediablemente la corrupción, el soborno y hasta la CIA, también nos presenta con una realidad que es tangible y actual: la migración de latinoamericanos a España. Aunque los comentarios de su narrador me daban risa, creo que Roncagliolo es un autor valiente capaz de decir sí, en España no somos latinoamericanos,  somos “sudacas”. Punto. Y sí, en nuestros países se ve como un triunfo vivir en Europa aunque se tengan maestrías y doctorados y trabajemos de meseros o cargando cajas. Porque en Europa (o en el caso de la novela, España) se está mejor que en el Perú, México, Ecuador o Bolivia. Y claro, tener un pasaporte europeo se mira como una “comodidad” (cómo? no tienes uno?).  Qué bien le caería leer esta novela a más de uno. Y yo vi a tanta gente proyectada en estos comentarios que no me quedó más que subrayar esas frases y pensar “qué razón tiene Santiago Roncagliolo!”.

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